voz de cristal de cielo
susurro de ecos milenarios
de tradición, de amores lejanos
¿dónde has ido? ¿estrella o ángel has sido?
A través del plateado cielo
cubierto en mantos de estrellas
te escucho cantar, de luz brillante
de austeridad, de simple ave peregrina
que busca sutileza en su volar
¿dónde está tu alma risueña sonando?
te busco en la melodía, en el acorde
de tu despedida temporaria
relegados quedamos
y llenos de tu tesoro
color oro
color luz de luis
Todavía en la vida y en la muerte, todavía en el rayo y en la lluvia, todavía con la sangre y sin balas, todavía con lo mío y lo tuyo, todavía con el fuego en el agua, todavía con el calor del frío, todavía en la tierra divina y en el infierno de la palabra, todavía en la flor del cactus el colibrí se bebe el amanecer... Escrito anónimo en la Plaza de Mina Clavero, Córdoba, República Argentina.
sábado, 19 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
establecido ha sido
Compartir en colores
en estar conectando
cayéndose en compañía
coincidiendo
en emociones liberales
libertajes, libertanía libres
liberalmente hablando
partir presentes y juntarlos en sueños
en espejos de dos
especularnos
es fina la palabra y audaz
si nombra lo que no se puede nombrar
se escapa a su umbral, musicalmente
vacío transitorio
cuya sombra
espera su contenido
escribís la historia porque la ves
la protagonizás a mi favor
digo siento escribo me vivo
sigo viendo, ahí no más
que no era difícil la felicidad
era soplar al universo
recibir la tempestad que no derriba
hacerlo real
lunes, 7 de mayo de 2012
retornos revolución
de cómo vuelve el recuerdo en música
cómo vuelven ausencias en poesías
cómo el ritmo se hace verso
y los besos achican abismos
presencias que se acentúan
esdrújulas, visibles
lo que yo veo lo hago maravilla
en mis ojos de perro azul
en sílabas que separan soledades
en pausas para respirar y volver a salir
de cómo todo vuelve, así, imperfecto
más allá de la síntesis de algunas formas
conformarme con vos, en el lenguaje
confundirme, sin más que pensar
eso quiero: atrapar la risa pícara
y no olvidarme nunca más
nunca menos
quisiera continuar el poema
hacerlo eterno, cadencia en el tiempo
quisiera hacerme uno con el humo
y en círculos subir, espiral del deseo
ver todo por primera vez
así, niño furioso contra el viento
peregrino del porvenir, arrimado de inocencia
buscando sombras para saber cómo son
qué formas tienen, dónde se esconden, detrás de quién
de cómo recobro la calma y el sueño
de cómo desvelo la muerte y me río de ella
así
no disgusta
miércoles, 2 de mayo de 2012
Proclamación
Escribir es como llorar, son lágrimas que se dibujan con letras en un papel.
Es catarsis muda, es especularse (a uno mismo).
Me gustaría inventar un lenguaje solo de poesía, sin reglas ni paradigmas ni ortografía. Me gustaría.
En esta utopía me camuflo, para sobrevivir en la jungla del corazón, como el camaleón me mimetizo y me hago rima.
Así voy, con música e investigando heridas cuya medicina está hecha de letras, fonemas, grafías.
¿Quién sabe?
Yo sí sé: poesía, alma fugitiva.
Ya voy.
sábado, 28 de abril de 2012
Libertándome (XXVII - IV - MMXII)
Hay momentos en los que me siento encerrado en mí mismo (enmudecido) en una jaula invisible cuyos barrotes están hechos de silencios, de estares no dichos.
Entonces necesito escribir para saber quién soy, para cortar a fuego los barrotes y liberarme, transpirar los silencios, decir callar diciendo.
En momentos como esos, los barrotes oprimen en lágrimas oprimidas viejas partidas, viejos duelos: combates mano a mano entre el olvido y la novedad.
Pero las palabras son suficientes cuando se ponen en un papel y hablan, no habla el cuerpo, hablan las palabras, abren surcos cuando el deseo se confunde con la confusión y el trauma desgarra. Desgarra la soledad y el poema interpela, el poema acuchilla en girones el silencio innombrable: lo sagrado.
Cuando me quiero liberar de la jaula lo hago con palabras que prorrompen indefinidas como signos de instintos lejanos, antiguos.
Cuando me libero, renuevo mi percepción y me cubre un dulce verdor, ya desencadenado.
Pero hay besos que liberan también: besos de esos que rozan susurros y ensueños, de esos que liberan las fronteras entre lo que es y lo que no, entre lo posible y lo real, lo ilegal.
Hay deseos de besos como fuentes para abrevar y acercarse a la verdad, acomodarse.
Por eso, ahora, asomo la cabeza desde la jaula con barrotes que aprisionan mi sentir. Me asomo. Me asombro. Me río del tiempo y del reloj que ha inventado el hombre común. Me río y me acerco a la eternidad de saberme salvado por este instante en el que escribo, este instante que suscribe besos y versos: verdad.
Una imagen lírica me dice que ya es el final, que ya pasó, que ya soy niño otra vez: niño despojado y lleno de sueños, de mágica posibilidad.
Así volvió a nacer el niño que fui: nació de la poesía parentética, de lo no dicho, de los comentarios. Un niño que comenta lo que siente y lo que ve, un niño que revienta su mirada llena de maravilla. Un niño testigo.
Las palabras y la poesía son un niño deseante y sediento de sed, de luz lúdica.
La poesía es el niño que libera su jaula con risas.
Riendo en palabras me libero, entonces, yo es otro.
Es otro yo.
Es ello.
Es contradicción.
Es adicción.
Entonces necesito escribir para saber quién soy, para cortar a fuego los barrotes y liberarme, transpirar los silencios, decir callar diciendo.
En momentos como esos, los barrotes oprimen en lágrimas oprimidas viejas partidas, viejos duelos: combates mano a mano entre el olvido y la novedad.
Pero las palabras son suficientes cuando se ponen en un papel y hablan, no habla el cuerpo, hablan las palabras, abren surcos cuando el deseo se confunde con la confusión y el trauma desgarra. Desgarra la soledad y el poema interpela, el poema acuchilla en girones el silencio innombrable: lo sagrado.
Cuando me quiero liberar de la jaula lo hago con palabras que prorrompen indefinidas como signos de instintos lejanos, antiguos.
Cuando me libero, renuevo mi percepción y me cubre un dulce verdor, ya desencadenado.
Pero hay besos que liberan también: besos de esos que rozan susurros y ensueños, de esos que liberan las fronteras entre lo que es y lo que no, entre lo posible y lo real, lo ilegal.
Hay deseos de besos como fuentes para abrevar y acercarse a la verdad, acomodarse.
Por eso, ahora, asomo la cabeza desde la jaula con barrotes que aprisionan mi sentir. Me asomo. Me asombro. Me río del tiempo y del reloj que ha inventado el hombre común. Me río y me acerco a la eternidad de saberme salvado por este instante en el que escribo, este instante que suscribe besos y versos: verdad.
Una imagen lírica me dice que ya es el final, que ya pasó, que ya soy niño otra vez: niño despojado y lleno de sueños, de mágica posibilidad.
Así volvió a nacer el niño que fui: nació de la poesía parentética, de lo no dicho, de los comentarios. Un niño que comenta lo que siente y lo que ve, un niño que revienta su mirada llena de maravilla. Un niño testigo.
Las palabras y la poesía son un niño deseante y sediento de sed, de luz lúdica.
La poesía es el niño que libera su jaula con risas.
Riendo en palabras me libero, entonces, yo es otro.
Es otro yo.
Es ello.
Es contradicción.
Es adicción.
martes, 17 de abril de 2012
El disfraz
Cuántas veces has intentado ocultar el lenguaje, ocultarte. Cuántas veces, cuántas.
Cuánto de todo ese eludir y ocultar las sombras se filtra como un rayo de sol, partido en dos. Cómo has sabido que lo que disfraza abre la piel, sin querer. ¿Por qué las sombras? ¿Por quién?
Cuántas veces has querido ocultarte en el lenguaje abriendo surcos para no decir, diciendo el silencio y lo demás también. Desdecir.
Por qué envolver el anzuelo después de morderlo para que los otros no sepan tu debilidad, por qué la no posibilidad. Si hay dolor, que se note y que transpire memorias de sal, corrosivas.
Para qué la sonrisa velada, ocultada. La risa, por debajo, incierta, tímida, por qué. Qué sea amor desvelado, risa sin sombras, risueña, risombras.
Por qué el disfraz, por qué no dejar huellas, pasar por alto, callar. Inculcar los pasos, dando tumbos (aunque sea así)huellas-rasguños-señales para seguir, para descifrar los antecedentes del corazón, amorar espacios, copular.
El disfraz en cadencia, cae. El espejo devuelve lo que es, el reflejo es falso, la verdad también.
El sol miente si no quema, si está velado, es luna.
Cuánto de todo ese eludir y ocultar las sombras se filtra como un rayo de sol, partido en dos. Cómo has sabido que lo que disfraza abre la piel, sin querer. ¿Por qué las sombras? ¿Por quién?
Cuántas veces has querido ocultarte en el lenguaje abriendo surcos para no decir, diciendo el silencio y lo demás también. Desdecir.
Por qué envolver el anzuelo después de morderlo para que los otros no sepan tu debilidad, por qué la no posibilidad. Si hay dolor, que se note y que transpire memorias de sal, corrosivas.
Para qué la sonrisa velada, ocultada. La risa, por debajo, incierta, tímida, por qué. Qué sea amor desvelado, risa sin sombras, risueña, risombras.
Por qué el disfraz, por qué no dejar huellas, pasar por alto, callar. Inculcar los pasos, dando tumbos (aunque sea así)huellas-rasguños-señales para seguir, para descifrar los antecedentes del corazón, amorar espacios, copular.
El disfraz en cadencia, cae. El espejo devuelve lo que es, el reflejo es falso, la verdad también.
El sol miente si no quema, si está velado, es luna.
sábado, 24 de marzo de 2012
La cuna de las palabras
En la cuna de las palabras
las palabras se mecen
se estremecen de sentido
piden comida, lloran, nacen
las palabras cambian de mundo
cambian su refugio
En la cuna de las palabras
yo me recuesto
sediento
a esperar que me cuenten de dónde vienen
si sostienen ese amor de otro mundo
si pueden acomodarse al renacer
si pueden decir
En la cuna de las palabras
no hay viento
hay silencio de palabras que gritan
por salir
por prevenir el vacío que implica salir al mundo
En la cuna de las palabras
están los muertos, los que no pueden decir más
los que insinúan con la ausencia, los que enseñan
a esperar
En la cuna de las palabras
yo me albergo, me sostengo
soy yo, soy feliz, soy incompleto
soy vivo
las palabras se mecen
se estremecen de sentido
piden comida, lloran, nacen
las palabras cambian de mundo
cambian su refugio
En la cuna de las palabras
yo me recuesto
sediento
a esperar que me cuenten de dónde vienen
si sostienen ese amor de otro mundo
si pueden acomodarse al renacer
si pueden decir
En la cuna de las palabras
no hay viento
hay silencio de palabras que gritan
por salir
por prevenir el vacío que implica salir al mundo
En la cuna de las palabras
están los muertos, los que no pueden decir más
los que insinúan con la ausencia, los que enseñan
a esperar
En la cuna de las palabras
yo me albergo, me sostengo
soy yo, soy feliz, soy incompleto
soy vivo
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